Alberto Fernández

viernes, 16 de mayo de 2014

Dictado de miserables

Y cuando el malvado,
que asola la tierra,
domeñe a las flores
con espada negra
de sangre manchada;
y cuando su puño
se agite contra los cielos,
y tiembles estos;
cuando el malvado,
desgraciado,
escupa rancia su saliva
al mar turbio,
se envenenará la tierra,
se encorvarán los árboles,
se arrugarán;
cuando así haya satisfecho
su sed miserable,
el mundo gritará
para que alguien
se acuerde
del día de su muerte.