Mi dulce perdición,
echo tanto de menos
sentirme derrotado, muerto y mil veces perdido a tu lado. Presa estéril de tu
fuego helado.
Nada hay en este mundo
sórdido que abata mi alma como es el recuerdo de las tinieblas engrosadas por
tu mirada, la que abultaba entre las sombras, la que entretejía umbras. Ciego
desolado por tu mirada. No hay en mi existir más gota de luz que la intuición
de tus pupilas, la adivinación, o la imaginación de ellas; pues ¿qué eran tus
pupilas sino párpados sucios? Así no puedo más que trasoñarlas, emponzoñándome
con el utópico titilar de unos falaces ojos lacrimosos encuentro yo algo
parecido a las estrellas; soles en mi vida no quedan: despojos de supernovas,
rastrojos de estelas como lamparones de tinta. ¡Tinta que te lloro en verso,
prosa y diagonal, que desea ser lluvia, que desea germinar tu pecho de
felicidad!
Mi amarga fruición…, por
verme en tu ver ¿qué daría yo sino todo mi ser? Por un certero saber de que tus
ojos fueron reales. Por la ciencia de su centella. Por el secreto de su brillo.
Por un astro que sea mi faro. (Recuerdo… ¿Recuerdo? …Sí, creo que puedo
evocar…, entre tantísima oscuridad…, una leve claridad de mármol quizás erizada
y tierna… Sí: quizás yo acaricié esa luminiscencia; quizás el rubor fue motivo
de mi aspereza, de mi cruda piel… Alucinaciones de una mente atormentada,
asustada y desesperada)
<<Si fuere amado,
del amor;
si amare condenado,
a una flor>>.
Tal es mi maldición. Tal
eres, ‘efímera, como una rosa, lozana y altanera’, ¡mas de oro blanco! Casi
adamantina: inmortal y perenne para mi memoria enferma. Tengo que arrastrar la
cadena infinita y titánica de tu fugacidad (¡como uno de esos meteoros, tan
bello!, así me has hecho hermoso, ¡mas tan solo un deseo!). Un pesar… al que he
de amar: ¡tan solo tu intuición!
Puedo ser y seré el loco
más insensato; que me aten, maniaten, degüellen, cosan mi boca, la tachen, y me
fulminen; a mi lado estuviste, y abrazada, ¡oh falacia, espejismo, quimera!
¡Abrazada! ¡Y a mí! ¡Que me fulminen!
A mi musa de alabastro,
eternamente enamorado,
y con todo
el amor que nunca supe darte,
Bébert Fdez.