Alberto Fernández

sábado, 8 de febrero de 2014

Elegía a una lágrima

I
Puede leerse en el epitafio:

"En el marco de esta ventana desmadejada
secóse la más umbría gota para esa amada".



II

          Entre las finas capas de polvo de este marco solitario en el que toda cuita era derramada, hállase una lágrima tristemente enterrada. Una frente surcada cruelmente en arrugas, baldía y yerma, apóyase en la noche con la mirada enferma. En su décimo tercer suspiro comprende su desgracia, y es que ninguno frívolo lo sacia. Repasa esas finas motas, todas ellas rotas; dentro, tapada para su amada, la más umbría gota. Las estrellas tiritan, las nubes musitan. Son sus párpados rojos muestra de sus despojos.
          Qué pena asáltale cuando, en su soledad, en la gota umbría pensando, comprende la realidad. Insolente aplastando de la lágrima la tumba, de alcohol una botella su mundo derrumba.



III

          Cuando ambos, botella y desengañado, bésanse, el uno comprende que nada más húmedo rociará su rostro y nada más besará sus labios; la otra comprende su maldad irremediable y maliciosa suspira un vaho fétido.
          Y ahí, al amparo de nadie, y esperando una luz que esperanza irradie (la aurora se retrasa, nunca llegará para él), murmura unos versos que rayó en su cabeza...

Yo sigo aquí,
inútil,
rimando palabras
insumisas.

Yo sigo aquí,
inútil,
midiendo versos
vacíos.

Yo sigo aquí,
inútil,
retratando estrellas
perdidas.

Yo sigo aquí,
inútil,
lánguido;
yo sigo aquí.
          Sardónico sonríe, amargado, amargo.
          Un hilo de sangre resbala hasta su mentón y recuerda insulsos insultos: "La han besado”. No..., la han perdido.
          Y así, perdiéndola, encontré mi camino: perdido. Solo como nunca soñaste; solo como siempre imaginaste.
          Lacónico gime, penoso, pena.
          Ya no le quedan lágrimas; se ha secado la fuente de su vida. Solo quedan rotos suspiros.
          Porque esa, esa sola umbría, manchó para siempre su huida. Ya no quedan sentimientos. Solo falacias.



IV

          ¿Dónde están mis lágrimas?         
          Búscalas bajo el polvo.
          ¿Cómo? ¿Entre mi piel?



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